Equilibrio y Compensación

Lo que sigue, está tomado del capítulo “El equilibrio y la compensación” de mi libro Empresas con alma, empresas con futuro. Pero, claro, uno va avanzando y le surgen nuevas preguntas. Empiezo por las páginas del libro:

“Es el mecanismo habitual en todas las relaciones de intercambio. Cuando pregunto la hora a un desconocido por la calle y él me la da, siento la necesidad de devolver un “gracias”. Y no se trata de una norma de educación: va más allá. Tenemos la necesidad de “equilibrar”, de alguna manera, esa relación. Lo interesante es que, con ese “gracias”, uno siente que ha compensado ese pequeño favor y, una vez restablecido el equilibrio, esa relación termina.

Si necesitamos balancear un simple intercambio como pedir la hora, qué no será cuando se trata de comprar un producto o un servicio en un negocio o una empresa: pago y con eso me siento libre de nuevo frente a mi vendedor: pido un taxi, me lleva a mi destino, y se acabó la relación. Podríamos decir que cuando el equilibrio es perfecto, la relación termina.

Pero no siempre es así: en muchas ocasiones, me siento muy satisfecho con el servicio o producto recibido y quiero repetir. La relación no termina sino que comienza a crecer: ese “poco más” que siento que se me dió me lleva a mantener la relación y a hacerla evolucionar. Mi relación con los taxis está tendiendo a acabar; en cambio, mi relación con Uber va creciendo. En el equilibrio perfecto, las relaciones acaban; en el “poco más” crecen.

Sucede de la misma manera en las relaciones afectivas: yo aprecio a alguien y le doy algo de mi (afecto, cariño, cuidado) y cuando esa persona toma aquello que le doy y se siente agradecida por lo que recibe, me devuelve un poco más. Yo tomo eso de ella y le doy un poco más, y así la relación va creciendo.

Las empresas inteligentes también sabe de ese “poco más”. Por eso, cada Iphone o Android nuevo ha de venir con alguna nueva prestación, con una posibilidad nueva que haga que el cliente siga sintiéndose vinculado. Y en ese “poco más” la vida y las organizaciones crean lazos y van creciendo.

Bert Hellinger tomó este principio de la terapia contextual de Ivan Boszormenyi-Nagy, quien hablaba del equilibrio entre dar y tomar. Es bien interesante que Boszormenyi-Nagy aplicase las reglas del modelo económico para entender las formas de relación e intercambio humano, porque lo que comenzó aplicándose a las relaciones personales derivó después para entender las relaciones de intercambio en todos los sistemas. Pues bien, para Hellinger todas las relaciones funcionan a partir de este principio de equilibrio salvo la relación padres-hijos. Solo en este caso, dice Hellinger, a los padres les corresponde dar y a los hijos simplemente tomar. Ya tendrá ocasión ese hijo, cuando sea mayor, de compensar, dando a sus propios hijos o a la comunidad. Porque si un hijo quiere compensar el desequilibrio “haciendo” algo o tomando sobre sí ciertas “cargas sistémicas”, en vez de ayudar, desayuda: crea nuevos y peores desequilibrios.

(…)

A partir de este análisis de lo que ocurre en las relaciones humanas se pudo comprobar que esta regla del intercambio se puede aplicar a todos los sistemas como un principio regulativo de las distintas transacciones sociales. Y cuando ese equilibrio o esa vinculación en el “poco más” no se da, aparecen los problemas.

Lo del “poco más” no es un capricho. Porque las relaciones crecen en el “poco más” pero tienden a romperse en el “mucho más”. Seguro que más de uno habrá escuchado el refrán: “regalos pequeños unen, regalos grandes separan”.

Hasta aquí lo que escribí hace poco más de un año en mi libro. Y ahora aquí, a modo de paradoja la siguiente historia Sufí (agradezco a mi amigo Fernando Dalgalarrondo que llene su página de Facebook de estas preciosas historias que siempre me llevan a pensar un poco más). Por cierto, la historia conecta también con otro de las melodías de mi libro: el agradecimiento:

“Había una vez una viña que se dio cuenta de que cada año la gente venía y tomaba sus uvas. Observo que nunca nadie mostraba gratitud alguna. Un día apareció un sabio y se sentó cerca. “Esta”, pensó la viña, “es mi oportunidad para resolver el misterio.” Dijo: “Hombre sabio, como habrás podido observar, soy una viña. Siempre que mi fruta está madura, la gente viene y se lleva las uvas. Nadie muestra signo alguno de gratitud. ¿Me puedes explicar esta conducta?” El sabio pensó un rato. Luego dijo: “La razón, muy probablemente, es que toda esa gente tiene la impresión de que no puedes evitar producir uvas” (Idries Shah)

¿Quién se anima a conciliar el principio sistémico con la Historia de la Viña? ¿No es esto colocarnos en un nivel de conciencia mayor? Y, en es caso, ¿será que los principios sistémico solo se aplican a un “determinado nivel de conciencia”?

Me encantaría escuchar vuestros comentario

Guillermo Echegaray

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